martes, 6 de mayo de 2014

Escribiendo...

Bebe super sufriendo.
1885, Inglaterra, era una tarde lluviosa de agosto cuando bajamos del tren nos estaba esperando el chofer del coche alquilado, el estaba vestido con un traje gris topo y zapatos elegantes, era demasiado callado, las únicas palabras que pronunció fueron “bienvenidos”. Al llegar a la casa nos quedamos asombrados por su tamaño. Esta era una antiguo orfanato, muy económico para su tamaño, ya que ocupaba toda una manzana; Esta estaba totalmente agrietada hasta en la zona más remota. Este lugar tiene 4 habitaciones, 3 baños, 1 cocina bastante amplia y un living comedor que era el centro de la casa. La habitación de Elizabeth, nuestra hija, era la que estaba en mejores condiciones ya que Rosa, la ama de llaves, la había limpiado especialmente para Eli.  
En el momento que terminamos de desempacar, me dirigí a la cocina, donde las mesadas eran de mármol y la mesa junto a las sillas eran de un oscuro roble, para preparar la cena. Mientras tanto oía risas que provenían del patio, me pareció algo extraño ya que no tenemos vecinos cerca, aunque no le di mucha importancia. Termine de preparar la cena y me senté con mi familia para disfrutarla después de un largo viaje. Cuando terminamos de cenar eran las 22.00hs p.m, le mostramos su habitación a Eli y nos dirigimos a dormir.
Carlos, mi marido, luego de desayunar se encaminó al trabajo. Mientras tanto yo me quede con Eli jugando en su habitación y Rosa lavando la ropa en la planta baja de la casa. Elizabeth se acercó a mi con una muñeca, un poco deteriorada y le pregunté de dónde la había sacado, ya que yo la desconocía, a lo que ella respondió: “No lo se, apareció en mis brazos cuando desperté esta mañana”. No voy a mentir, me preocupé bastante. No era de creer en espíritus y esas cosas, pero en ese momento, fue imposible no pensar en aquello, ya que no había una lógica exacta para explicar cómo pudo haber llegado esa muñeca hasta mi pobre niña. Por lo tanto, me mantuve pensativa todo el día, demasiado para mi gusto, ya que se hizo de noche sin darme cuenta. Carlos había llegado, y preparó la cena mientras yo tomaba un baño. Cuando entre a mi dormitorio para cambiarme, me encontré con la muñeca sentada en la cama, la agarré rápidamente de los cabellos y la deje en el armario. Me vestí a gran velocidad y fui a cenar con mi familia. No le comenté nada a mi marido de lo sucedido, ya que siempre dice que soy paranoica, preferí cenar en tranquilidad. Al llevar a cabo la cena, llevamos a Eli a su dormitorio, la arropamos delicadamente y nos fuimos a nuestra habitación. Sin pensarlo dos veces, apoye mi cabeza en la almohada y caí en los brazos de Morfeo.
Sin embargo, a media noche, escuchamos gritos de la cocina. Mi marido, rápidamente bajo las escaleras y se dirigió hacía allí. Al llegar, observó un muñeco sentado sobre la mesa, él me dijo que supuso que era de Elizabeth y lo llevó a su habitación. Al regresar conmigo, nos volvimos a dormir convencidos de al otro día, hacer unas investigaciones en la biblioteca de la ciudad luego del trabajo.
              Al llegar al otro día desvelados, nos despedimos de Elizabeth y de la ama de llaves y nos dirigimos a la ciudad. La hora del trabajo se pasó rápidamente, por suerte, y con gran curiosidad y en silencio nos encaminamos a la biblioteca. Revisamos el área de propiedades del vecindario, y encontramos una nota de un diario muy llamativa “Orfanato es incendiado con niños dentro”, al ver la imagen mi rostro se puso pálido, no podía ni moverme, seguí leyendo la nota y más abajo, otra imagen que mostraba a Rosa con una niña muy parecida a Eli, quede paralizada. En la nota se decía que Rosa, la ama de llaves, vivía allí con su hija Taylor y ella fue una de las fallecidas en el incendio. También pude leer que Rosa había desaparecido y no se sabía nada de ella. Escuchaba la voz de Carlos, muy lejanamente, pero la escuchaba. Rápidamente, en mi cabeza se hizo la luz, agarré la mano de mi marido para irnos corriendo. En el camino en el coche, lo único que pude decir fue: “Eli es igual a Taylor, y Rosa está sola con Eli”. Nos hundimos en un profundo y tenso silencio, hasta la casa, se hizo eterno.
        Me baje a toda velocidad, y observé al chofer del coche que nos trajo el primer día, sentado con mirada preocupada en la puerta del orfanato. Al llegar junto a él, pronunció las siguientes palabras: “No están, han desaparecido”. Mi mundo automáticamente se vino abajo, lo acusé al pobre hombre “Fuiste tu, tu estas involucrado en todo esto”, y estoy muy arrepentida de haberlo hecho, pero necesitaba desquitarme con alguien. Carlos estaba ahí, parado junto a mi, haciendo caricias en mi brazo mientras yo sollozaba, pero ni lo noté y corrí rápidamente escaleras arriba para dirigirme al cuarto de Eli. Entre y me quede sin aire, necesitaba respirar, pero más necesitaba tratar de entender que había pasado. Arriba de la cama, una foto en blanco y negro, una simple foto que expresaba más que mil palabras. Allí estaba Eli, y pude fácilmente notarlo en sus ojos y en su cara, estaba asustada. Me necesitaba, nos necesitaba y no estuvimos allí para ella. En esa imagen, detrás de ella, se encontraban niños sonriendo. En ese momento, lo sentí, no sé cómo ni en donde, pero lo sentí. Sentí la ausencia y comprendí que no volvería a ver a mi niña.

Hoy en día, sigo sin saber nada de ella, aunque no dejo de pensarla. Tampoco sé nada de Carlos ni del orfanato, me he separado de èl cuando propuso la idea de seguir viviendo en esa casa, esa maldita casa. Me pareció poco sensible e irracional. Al fin y al cabo, aquí estoy, sin saber si Rosa estaba muerta y se ha llevado a mi hija con ella, o la ha matado por parecerse a Taylor y se ha escapado. Lo único que sé, es que siempre tendré a mi hija en mi corazón.

2 comentarios:

  1. La historia tiene elementos interesantes. La idea de que Rosa también sea un "fantasma" me parece muy buena, pero creo que desaprovechaste oportunidades de desarrollarla. Lo de la foto también sorprende, pero faltan datos que justifiquen que la madre tan rápidamente comprenda todo.
    En algunos pasajes las acciones de los personajes no responden a una causalidad psicológica verosímil. Por ejemplo, no es lógico que el padre descubra el muñeco en la cocina y la madre se duerma plácidamente, siendo que ella misma ya ha encontrado otra muñeca antes. Otro ejemplo: ¿hace falta que vayan a la biblioteca para averiguar sobre el incendio? En el pueblo cualquiera podría informar de ello y encima agregar todos los rumores y las leyendas asociadas a él.
    El final estaría más logrado si se trabajara sobre la supuesta personalidad paranoica de la mujer.

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  2. gracias flor por el comentario, intentaremos con lourdes desarrollar y arreglar los errores.

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