jueves, 29 de mayo de 2014

El cielo llovio plastico negro

Mi hermano mayor, Tomi, esta insoportable con sus entraditas para su banda. En las noticias decían que estaban agotadas, pero como siempre, el tiene lo que quiere. Mis papas no saben que vamos a ir, pero no se van a enterar. Ellos están de viaje.
 Tomi me dijo que no era un lugar para mi, entonces me iba a dejar en una guardería con otros nenes y con una chica que nos cuidara. Se piensa que soy un bebe, y yo ya soy grande, tengo ocho y me gusta escuchar Callejeros. Encima no se vale, ¡siempre tengo que hacer lo que él nene tonto quiere!
 A la tarde, después de bañarme, escuché a mi hermano hablar por teléfono con Rita, mi niñera. Le dijo una mentira para poder escaparme al recital con él y su novia, Felicitas. La pasamos a buscar, ella era rubia, alta como Tomi y muuuuy flaquita, pero mi novia Sofi es más linda, obvio.  
  Fuimos al lugar ese a ver a la banda, había mucha gente en la calle, tomando cervezas. Estaban saltando y cantando. Y otros solo hacían la fila, ellos sólo hablaban. Cuando nos bajamos del auto, tuvimos que ir a la parte de atrás del lugar, porque mi hermano me dijo que si no yo no iba a poder entrar, que era la única forma. Ahí había muchas más personas y muchos nenes, más chiquitos que yo y creo que de la misma edad.
Ya se estaba haciendo de noche cuando entramos, me llevaron a un baño con todos los nenes y nos quedamos ahí hasta que empecé a escuchar la música y a la gente cantando. Estos niños bobos sólo jugaban con autitos, yo ya era grande, necesitaba ir afuera y cantar como mi hermano. Por eso, quise escaparme.
La “niñera” estaba media dormida en el piso con unas nenas que jugaban con su pelo. Abrí la puerta sin que nadie se diera cuenta, y cuando salí había mucho humo, me ardían los ojos, no podía ver bien y se me cerro la garganta. Soy asmático. Me enoje mucho porque quería ver a Callejeros pero ese tonto humo me hacía mal. Corrí casi sin ver y sin respirar, pude salir por la puerta de atrás (por la que habíamos entrado). Me quede ahí tratando de respirar bien y tranquilizarme. Unos hombres no me dejaron volver a entrar cuando quise, entonces tuve que quedarme ahí esperando a Tomi.
En ese momento me di cuenta de que todo estaba mal, los chicos de Callejeros me pasaron por al lado corriendo y se subieron a una camioneta negra. Mucha gente empezó a salir del lugar corriendo, algunos lloraban y gritaban. Ya no estaba solo, había muchos chicos como mi hermano por todas partes, pero yo no lo veía y entonces de la nada, el techo del boliche se cayó. No recuerdo más nada de esa noche.
  Me desperté al otro día, en una habitación blanca con una gran ventana por donde yo veía pasar muchos doctores. Mi mamá estaba sentada en una silla, durmiendo. Se despertó al ratito, me vió y empezó a llorar. No entendía porqué, pero entonces ella dijo que Tomás ya no estaba. ¿Qué significaba que ya no estaba? me pregunté, y ví la televisión prendida. Había un noticiero, que decía “Murieron jóvenes en un concierto de Callejeros”. Me vino un recuerdo del boliche de Callejeros prendiendose fuego. Entendí todo, y lloré con mi mamá.

  

martes, 6 de mayo de 2014

Escribiendo...

Bebe super sufriendo.
1885, Inglaterra, era una tarde lluviosa de agosto cuando bajamos del tren nos estaba esperando el chofer del coche alquilado, el estaba vestido con un traje gris topo y zapatos elegantes, era demasiado callado, las únicas palabras que pronunció fueron “bienvenidos”. Al llegar a la casa nos quedamos asombrados por su tamaño. Esta era una antiguo orfanato, muy económico para su tamaño, ya que ocupaba toda una manzana; Esta estaba totalmente agrietada hasta en la zona más remota. Este lugar tiene 4 habitaciones, 3 baños, 1 cocina bastante amplia y un living comedor que era el centro de la casa. La habitación de Elizabeth, nuestra hija, era la que estaba en mejores condiciones ya que Rosa, la ama de llaves, la había limpiado especialmente para Eli.  
En el momento que terminamos de desempacar, me dirigí a la cocina, donde las mesadas eran de mármol y la mesa junto a las sillas eran de un oscuro roble, para preparar la cena. Mientras tanto oía risas que provenían del patio, me pareció algo extraño ya que no tenemos vecinos cerca, aunque no le di mucha importancia. Termine de preparar la cena y me senté con mi familia para disfrutarla después de un largo viaje. Cuando terminamos de cenar eran las 22.00hs p.m, le mostramos su habitación a Eli y nos dirigimos a dormir.
Carlos, mi marido, luego de desayunar se encaminó al trabajo. Mientras tanto yo me quede con Eli jugando en su habitación y Rosa lavando la ropa en la planta baja de la casa. Elizabeth se acercó a mi con una muñeca, un poco deteriorada y le pregunté de dónde la había sacado, ya que yo la desconocía, a lo que ella respondió: “No lo se, apareció en mis brazos cuando desperté esta mañana”. No voy a mentir, me preocupé bastante. No era de creer en espíritus y esas cosas, pero en ese momento, fue imposible no pensar en aquello, ya que no había una lógica exacta para explicar cómo pudo haber llegado esa muñeca hasta mi pobre niña. Por lo tanto, me mantuve pensativa todo el día, demasiado para mi gusto, ya que se hizo de noche sin darme cuenta. Carlos había llegado, y preparó la cena mientras yo tomaba un baño. Cuando entre a mi dormitorio para cambiarme, me encontré con la muñeca sentada en la cama, la agarré rápidamente de los cabellos y la deje en el armario. Me vestí a gran velocidad y fui a cenar con mi familia. No le comenté nada a mi marido de lo sucedido, ya que siempre dice que soy paranoica, preferí cenar en tranquilidad. Al llevar a cabo la cena, llevamos a Eli a su dormitorio, la arropamos delicadamente y nos fuimos a nuestra habitación. Sin pensarlo dos veces, apoye mi cabeza en la almohada y caí en los brazos de Morfeo.
Sin embargo, a media noche, escuchamos gritos de la cocina. Mi marido, rápidamente bajo las escaleras y se dirigió hacía allí. Al llegar, observó un muñeco sentado sobre la mesa, él me dijo que supuso que era de Elizabeth y lo llevó a su habitación. Al regresar conmigo, nos volvimos a dormir convencidos de al otro día, hacer unas investigaciones en la biblioteca de la ciudad luego del trabajo.
              Al llegar al otro día desvelados, nos despedimos de Elizabeth y de la ama de llaves y nos dirigimos a la ciudad. La hora del trabajo se pasó rápidamente, por suerte, y con gran curiosidad y en silencio nos encaminamos a la biblioteca. Revisamos el área de propiedades del vecindario, y encontramos una nota de un diario muy llamativa “Orfanato es incendiado con niños dentro”, al ver la imagen mi rostro se puso pálido, no podía ni moverme, seguí leyendo la nota y más abajo, otra imagen que mostraba a Rosa con una niña muy parecida a Eli, quede paralizada. En la nota se decía que Rosa, la ama de llaves, vivía allí con su hija Taylor y ella fue una de las fallecidas en el incendio. También pude leer que Rosa había desaparecido y no se sabía nada de ella. Escuchaba la voz de Carlos, muy lejanamente, pero la escuchaba. Rápidamente, en mi cabeza se hizo la luz, agarré la mano de mi marido para irnos corriendo. En el camino en el coche, lo único que pude decir fue: “Eli es igual a Taylor, y Rosa está sola con Eli”. Nos hundimos en un profundo y tenso silencio, hasta la casa, se hizo eterno.
        Me baje a toda velocidad, y observé al chofer del coche que nos trajo el primer día, sentado con mirada preocupada en la puerta del orfanato. Al llegar junto a él, pronunció las siguientes palabras: “No están, han desaparecido”. Mi mundo automáticamente se vino abajo, lo acusé al pobre hombre “Fuiste tu, tu estas involucrado en todo esto”, y estoy muy arrepentida de haberlo hecho, pero necesitaba desquitarme con alguien. Carlos estaba ahí, parado junto a mi, haciendo caricias en mi brazo mientras yo sollozaba, pero ni lo noté y corrí rápidamente escaleras arriba para dirigirme al cuarto de Eli. Entre y me quede sin aire, necesitaba respirar, pero más necesitaba tratar de entender que había pasado. Arriba de la cama, una foto en blanco y negro, una simple foto que expresaba más que mil palabras. Allí estaba Eli, y pude fácilmente notarlo en sus ojos y en su cara, estaba asustada. Me necesitaba, nos necesitaba y no estuvimos allí para ella. En esa imagen, detrás de ella, se encontraban niños sonriendo. En ese momento, lo sentí, no sé cómo ni en donde, pero lo sentí. Sentí la ausencia y comprendí que no volvería a ver a mi niña.

Hoy en día, sigo sin saber nada de ella, aunque no dejo de pensarla. Tampoco sé nada de Carlos ni del orfanato, me he separado de èl cuando propuso la idea de seguir viviendo en esa casa, esa maldita casa. Me pareció poco sensible e irracional. Al fin y al cabo, aquí estoy, sin saber si Rosa estaba muerta y se ha llevado a mi hija con ella, o la ha matado por parecerse a Taylor y se ha escapado. Lo único que sé, es que siempre tendré a mi hija en mi corazón.